
Una mirada desde la propiocepción
El verano trae consigo alegría, sol y, para muchos, un cambio en las rutinas y un aumento de las temperaturas. Esta situación puede impactar en nuestro bienestar físico y salud mental, siendo un desafío para las personas neurodivergentes.
La neurodivergencia se caracteriza por procesar la información sensorial y emocional de manera diferente, lo que hace a estas personas más sensibles a estímulos como el ruido, la luz o el calor.
La propiocepción, la percepción del cuerpo en el espacio y movimiento, es fundamental. Con el calor, nuestra capacidad para regular emociones y sensaciones se pone a prueba. La sobrecarga sensorial puede intensificarse, generando ansiedad e irritabilidad.
La clave para un verano feliz está en estrategias personalizadas, conocernos a nosotros mismos y nuestras necesidades para afrontar el calor. Hidratarse, usar ropa fresca, buscar lugares frescos y cómodos son fundamentales.
Identificar desencadenantes sensoriales y crear planes para gestionarlos es importante. Buscar apoyo en familiares, amigos y profesionales ayuda a identificar estrategias personalizadas. Establecer rutinas diarias, incluso en verano, reducirá el estrés y la ansiedad.
Además, crear un ambiente hogareño que minimice la sobrecarga sensorial también es beneficioso. Usar cortinas oscuras, ventiladores o aire acondicionado y reducir ruidos fuertes marca la diferencia.
El verano es un buen momento para explorar nuevas actividades que proporcionen bienestar . Practicar deportes acuáticos, leer a la sombra o disfrutar de un picnic puede ser agradable.
Escuchar a nuestro cuerpo, relajarse, practicar técnicas de respiración y mantener una buena higiene del sueño mejorará nuestra calidad de vida en verano.
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